sábado, 18 de febrero de 2017

Extrae el tema, la organización de las ideas, el resumen y el comentario crítico



                                                       EJEMPLARIDAD

Yo pensaba hasta hace poco que Mariano Rajoy no era normal, pero últimamente empiezo a dudar incluso de que sea humano

Fue la última palabra que pronunció. Ni seriedad, ni eficacia, ni moderación, ni sentido común, que tanto le gustan. La última palabra que el presidente Mariano Rajoy pronunció en su discurso de clausura del 18º congreso del Partido Popular, del que volvió a salir elegido presidente, fue ejemplaridad. Lo dijo refiriéndose a su partido, pero no como un deseo sino como una virtud principal de este. Menos mal que el día anterior acababan de condenar en Valencia a 14 años de cárcel a tres ex altos cargos o asimilados de su partido (y a algunos menos a otra docena de ellos) y que al siguiente una exministra de su Gobierno iba a declarar en juicio acusada de enriquecimiento ilícito.
Cierto que el mismo fin de semana el suplemento literario de este periódico se preguntaba en un reportaje si los premios literarios comerciales son honrados (lo que no sé es por qué no incluían también a los otros). Y que en el reportaje aparecía opinando gente que se atrevía a decir que sí. Así que no es de extrañar que el presidente Mariano Rajoy sufriera una obnubilación y, animado por la permisividad ambiente, se atreviera a presumir de algo de lo que ni sus compañeros de partido imaginarían que se atreviera a hacerlo jamás. “Las principales armas de nuestro partido son la verdad, la buena gestión, la eficacia y la ejemplaridad”, afirmó sin que se le moviera un músculo ante un auditorio entregado al que le daba lo mismo ocho que ochenta después de ver cómo los demás partidos a base de enfrentamientos internos se las han puesto como la leyenda dice que se las ponían a Fernando VII.
Yo pensaba hasta hace poco que Mariano Rajoy no era normal, pero últimamente empiezo a dudar incluso de que sea humano. Me refiero a un humano de carne y hueso como usted y yo. Porque viéndolo ir y venir, dar discursos que ni prepara, para qué, asistir con cara de póker a reuniones internacionales que se ve que le aburren profundamente o caminar por las corredoiras gallegas como el alma en pena del bosque animado de Fernández Flórez, a uno le entra la duda de si alguien así puede ser de la misma naturaleza que él; es decir, si piensa, siente y padece de igual manera que los demás. Y la conclusión a la que está llegando es que Rajoy no es humano, que no puede serlo alguien que, además de aguantar sin mover un pelo las acusaciones más graves que un dirigente político puede soportar y las mayores dosis de corrupción que se recuerdan en un partido político, incluso es capaz de venirse arriba y definir el suyo como ejemplar.
                                                                         Julio Llamazares El País

domingo, 22 de enero de 2017

Reliza el comentario de texto completo


     Su Excelencia toca un timbre. El Ujier acude soñoliento. Máximo Estrella, tanteando con el palo, va 
     derecho hacia el fondo de la estancia, donde hay un balcón.

     El Ministro.—Fernández, acompañe usted a ese caballero, y déjele en un coche.
     Max.— Seguramente que me espera en la puerta mi perro.
     El Ujier.—Quien le espera a usted es un sujeto de edad, en la antesala.
     Max.—Don Latino de Hispalis: Mi perro.

     El Ujier toma de la manga al bohemio. Con aire torpón le saca del despacho, y guipa al soslayo el
     gesto de Su Excelencia. Aquel gesto manido de actor de carácter en la gran escena del reconocimiento.

     El Ministro.—¡Querido Dieguito, ahí tiene usted un hombre a quien le ha faltado el resorte de la voluntad! 
     Lo tuvo todo: Figura, palabra, gracejo. Su charla cambiaba de colores como las llamas de un ponche.
     Dieguito.—¡Qué imagen soberbia!
     El Ministro.—¡Sin duda, era el que más valía entre los de mi tiempo!
     Dieguito.Pues véalo usted ahora en medio del arroyo, oliendo a aguardiente, y saludando en francés
     a las proxenetas.
     El Ministro.—¡Veinte años! ¡Una vida! ¡E, inopinadamente, reaparece ese espectro de la bohemia! Yo me 
     salvé del desastre renunciando al goce de hacer versos. Dieguito, usted de esto no sabe nada, porque usted
     no ha nacido poeta.
     Dieguito.—¡Lagarto! ¡Lagarto!
     El Ministro.—¡Ay, Dieguito, usted no alcanzará nunca lo que son ilusión y bohemia! Usted ha nacido
     institucionista, usted no es un renegado del mundo del ensueño. ¡Yo, sí!
     Dieguito.—¿Lo lamenta usted, Don Francisco?
     El Ministro.—Creo que lo lamento.
     Dieguito.—¿El Excelentísimo Señor Ministro de la Gobernación, se cambiaría por el poeta Mala-Estrella?
                                                                                                Ramón  del Valle InclánLuces de Bohemia.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Analiza las siguientes oraciones

  • Voy a hacerlo como tú me has indicado.
  • Hemos ido haciendo la ruta por donde ellos nos señalaron.
  • Caminaba por campo mirando el paisaje
  • Ana se fue después de que el profesor explicara el tema. 
  • Cenando Juan en su casa, sonó el teléfono.   

    martes, 22 de noviembre de 2016

    Para el viernes 25: Tema, idea principal, ideas secundarias y comentario crítico

    A Andrés le indignó la indiferencia de la gente al saber la noticia. Al menos él había creído que el español, inepto para la ciencia y la civilización, era un patriota exaltado, y se encontraba que no; después del desastre de  Cuba y  Filipinas, todo el mundo iba al teatro y a los toros tan tranquilo; aquellas manifestaciones y gritos habían sido espuma, humo de paja, nada. Cuando la impresión del desastre se le pasó, Andrés fue a casa de Iturrioz; hubo discusión entre ellos.
    -Dejemos todo eso, ya que afortunadamente hemos perdido las colonias -dijo su tío-, y hablemos de otra cosa. ¿Qué tal te ha ido en el pueblo?
    -Bastante mal.
    -¿Qué te pasó? ¿Hiciste alguna barbaridad?
    -No; tuve suerte. Como médico he quedado bien. Ahora, personalmente, he tenido poco éxito.
    -Cuenta; veamos tu odisea en esa tierra de Don Quijote.
    Andrés contó sus impresiones en Alcolea; Iturrioz le escuchó atentamente.
    -¿De manera que allí no has perdido tu virulencia ni te has asimilado al medio?
    -Ninguna de las dos cosas.
    -Y esos manchegos, ¿Son buena gente?
    - Sí, muy buena gente; pero con una moral imposible.
    - Pero esa moral, ¿No será la defensa de la una tierra pobre y de pocos recursos?
    -Es muy posible; pero si es así, ellos no se dan cuenta de este motivo.
    -¡Ah, claro! ¿En dónde un pueblo del campo será un conjunto de gente de conciencia? ¿En Inglaterra, en Francia, en Alemania?
    En todas partes, el hombre, en su estado natural, es un canalla, idiota y egoísta. Si ahí en Alcolea es una buena persona, hay que decir que los alcoleanos son gente superior.
    -No digo que no. Los pueblos como Alcolea están perdidos, porque el egoísmo y el dinero no está repartido equitativamente; no lo tienen más que unos cuantos ricos; en cambio, entre los pobres no hay sentido individual. El día que cada alcoleano  diga: “No transijo” ese día el pueblo marchará hacia adelante.
    -Claro; pero para ser egoísta hay que saber; pira protestar hay que discurrir. Yo creo que la civilización le debe más al egoísmo que a todas las religiones. El egoísmo ha hecho el sendero, el camino, la calle, el ferrocarril, el barco, todo.
    -Estamos conformes; Por eso indigna ver a esa gente, que no tiene nada que ganar con la maquinaria social, que, a cambio de cogerle el hijo y llevarlo a la guerra, no les da más que miseria y hambre para la vejez, y que aun así la defienden.

    jueves, 17 de noviembre de 2016

    Analiza estas oraciones

    Sigue siendo muy difícil saber los muchos empleos que puede ocupar un diputado

    Conviene recordar lo cuando conozcamos a alguien (que tiene una empleada a la que no le paga la S.S.

    El teatro puede desplegarse en la maquinaria de una comedia musical de Broadway en la que hay helicópteros y gente que vuela y templos que se hunden

    domingo, 13 de noviembre de 2016

    Realiza el comentario de este fragmento de El árbol de la ciencia: tema, resumen, idea principal, organización de las ideas y comentario crítico

    El pueblo no tenía el menor sentido social; las familias se metían en sus casas, como los trogloditas en su cueva. No había solidaridad; nadie sabía ni podía utilizar la fuerza de la asociación. Los hombres iban al trabajo y a veces al casino. Las mujeres no salían más que los domingos a misa.
    Por falta de instinto colectivo el pueblo se había arruinado.
    En la época del tratado de los vinos con Francia, todo el mundo, sin consultarse los unos a los otros, comenzó a cambiar el cultivo de sus campos, dejando el trigo y los cereales, y poniendo viñedos; pronto el río de vino de Alcolea se convirtió en río de oro. En este momento de prosperidad, el pueblo se agrandó, se limpiaron las calles, se pusieron aceras, se instaló la luz eléctrica…; luego vino la terminación del tratado, y como nadie sentía la responsabilidad de representar el pueblo, a nadie se le ocurrió decir: Cambiemos el cultivo; volvamos a nuestra vida antigua; empleemos la riqueza producida por el vino en transformar la tierra para las necesidades de hoy. Nada.
    El pueblo aceptó la ruina con resignación.
    —Antes éramos ricos —se dijo cada alcoleano—. Ahora seremos pobres. Es igual; viviremos peor, suprimiremos nuestras necesidades.
    Aquel estoicismo acabó de hundir al pueblo.»
    Pío Baroja, El árbol de la ciencia. Madrid, Cátedra.